Cultura

Donnie Darko es para el espíritu adolescente

Rafael Paz
La ópera prima de Richard Kelly se convirtió a principios de los dosmiles en un fenómeno de culto gracias a los formatos caseros; su éxito “condenó” la carrera de su director, explica el crítico cinematográfico Nicolás Ruíz

Hay películas que parecen haber sido filmadas para convertirse en un éxito de culto, es el caso del primer largometraje de Richard Kelly: Donnie Darko, estrenada el 19 de enero del 2001 en el Festival de Cine de Sundance. La cinta, como muchos otros estrenos de festival, no género demasiado interés entre las distribuidoras norteamericanas; meses más tarde, sus secuencias de accidentes aéreos impidieron que recibiera una mayor distribución y promoción debido a los ataques del 11 de septiembre de ese año contra las Torres Gemelas, en Nueva York.

Sin embargo, la popularidad de Donnie Darko creció de a poco gracias a los formatos caseros, donde millones de jóvenes alrededor del mundo se identificaron con su taciturno protagonista, interpretado por el actor Jake Gyllenhaal, quien después de escapar milagrosamente de un accidente comienza a tener visiones donde un extraño conejo le revela los oscuros secretos de los adultos a su alrededor.

Al igual que muchos otros, el crítico de cine Nicolás Ruíz –maestro en literatura comparada por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM– descubrió el trabajo de Kelly durante su adolescencia y se sintió atraído por su estética, música y temas: “te acuerdas del momento en que la viste y por qué era tan atractiva. Cuando la vi tenía como 15-16 años. Es interesante volverla a ver, sientes una atracción idiosincrática por su tono, los elementos que atraían tanto y profundamente a tu ser adolescente”.

El colaborador de Noticieros Televisa afirma que aunque “ahora pueden parecer choteados” ciertos elementos del largometraje al regresar a sus imágenes es palpable la “nostalgia por los 80, ese adolescente cool de angustiado ahora es un producto de comercialización. En ese momento, tenía un atractivo muy refrescante. Me acuerdo de eso: la sensación profunda de estar viendo algo cool, muy chido. Funciona para el espíritu adolescente porque te hace sentir muy bien al verla. No entiendes nada pero intentas explicarla. Esa mezcla de elementos la hizo ser una película destinada a convertirse en culto, a ser recordada con la nostalgia amorosa de la adolescencia.”

Es un sentimiento que comparte el protagonista de la película. En su prólogo al libro The Donnie Darko Book, Gyllenhaal escribió sobre las sensaciones que captura la película: “La lucha comienza cuando, a cierta edad, un niño comienza a experimentar los efectos de su infancia y la posibilidad de que su educación fue deficiente. Es difícil de aceptar la idea de que no hay ningún ideal. Nada es perfecto. Lo más difícil, sin embargo, es cuando él o ella comienza la búsqueda de su propia idea de lo que es correcto. Es aterrador buscar. Nunca sabes cuánta resistencia podrías encontrar.”

Esa nostalgia, para Nicolás Ruíz, “es un fenómeno millenial. Tenemos un cierto trauma con los productos nostálgicos, la gente la recuerda así. Abrió puertas a muchas cosas. La emoción por este tipo de ciencia ficción, que no está necesariamente en la sobre explicación como el cine de Christopher Nolan. Esta ciencia ficción roza con lo místico, no es científica ni explicativa, no se puede explicar mediante los mecanismos del diálogo. Es casi religiosa.”

“Hay algo valiente en eso, más allá de la nostalgia, por la simple ambición y valentía de Richard Kelly al hacer la película, a tal punto que terminó por condenar su carrera,” afirma el ganador de la Medalla Alfonso Caso, “Kelly tenía un talento real, una ambición real y en su forma de manipular ciertos clichés cinematográficos llegó a hacer algo muy refrescante. Lo arruinó el éxito de su primera película. Tal vez si hubiera hecho tres o cuatro películas independientes, tendríamos a un gran creador de ciencia ficción”.

A pesar del éxito de Donnie Darko en el mercado de video, como menciona el también colaborador de la revista Tierra Adentro, la carrera de Richard Kelly no logró consolidarse con el paso de los años. Después de la cinta del 2001, el realizador estrenó Southland Tales en el Festival de Cannes durante el 2006, donde se convirtió en una de los proyectos más abucheados en la historia del famoso certamen; posteriormente, en 2009, lanzó La caja (The Box) –una adaptación del cuento Button, button, firmado por Richard Mattheson– que apenas recaudó poco más de 15 millones de dólares en la taquilla norteamericana, a pesar de contar con un presupuesto de 30 millones durante su filmación.

Ruiz aventura que el poco éxito de los trabajos posteriores de Kelly tal vez se deba a la búsqueda del autor por acercar la ciencia ficción a los terrenos de lo místico: “La pregunta es: ¿qué pasa si me asomo en el canal de Dios? Si tuvieras la posibilidad de ver el futuro para checar los daños o beneficios que podrías hacer… ¿valdría más o menos tu vida? ¿Estarías en mejores términos frente a tu muerte repentina? Si pudieras saber cuándo te va a llegar la muerte, ¿tomarías la posibilidad? Es una cosa tramposa, tiene un asunto agnóstico de asomarse a la divinidad, junto a esa culpa que se vive en un mundo judeocristiano.”

Gyllenhaal, por su parte, asegura en el prólogo de The Donnie Darko Book que intentar descubrir los significados detrás de Donnie Darko es un sinsentido, porque esa no era la intención de Richard Kelly: “Llámalo culto. Llámalo genio. Llámelo como quiera, pero el hecho de que Richard haya optado por no alimentar a su audiencia con una simple conclusión a la película requiere que su público participe en el proceso de descifrarla con él. No hay mucha gente haciendo eso.”

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