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Dinosaurios: las pruebas de su vida en la Tierra

Fernando Guzmán Aguilar

Godzilla, el dinosaurio mutante, sólo existe en el imaginario de Japón, en su cinematografía y en la de Hollywood.

Jurassic Park también tiene mucho de ficción y el micro relato de Tito Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”, es puro cuento.

Así que ¿cómo sabemos que los dinosaurios existieron?

Sabemos que fueron cosmopolitas

Vivieron hace millones de años en lo que hoy es la Antártida, dentro de la muralla China, el desierto de Sahara, los Pirineos, la Patagonia, Estados Unidos… México.

Sabemos que de Gondwana son los llamados dinosaurios polares que se encontraron en Australia, país que con Sudamérica, África, India y la Antártida formaban ese antiguo continente, entonces con clima cálido-húmedo y vegetación exuberante. Se comenzaron a separar hace unos 164 millones de años.

Que los ceratópidos (dinosaurios con cuernos) se originaron en Asia (en China se han encontrado muchos) y migraron, como millones de años después el hombre, por el Estrecho de Bering hacia América.

Sabemos también

Que nuestro país es una de las zonas de dinosaurios más importantes, sobre todo para el Cretácico Superior (que incluye la última parte del periodo y de la era Mesozoica) en toda la zona norte.

Hay 11 dinosaurios nombrados exclusivos para México, entre ellos algunos de los llamados hadrosaurios (pico de patos) como Velafrons coahuilensis, Magnapaulia laticaudus o un miembro antiguo de este grupo llamado Huehuecanauhtlus tiquichensis. Asimismo hay dinosaurios con cuernos como Coahuilaceratops magnacuerna o carnívoros enigmáticos como Labocania anómala (con características que lo relacionan con los tiranosaurios). El más reciente, Paraxenisaurus normalensis, fue anunciado a finales de abril de este año.

Pero también en territorio nacional se han encontrado otros que compartimos con Estados Unidos y Canadá. Entre ellos se han propuesto carnívoros como Saurornitholesthes, ceratópsidos como Agujaceratops o el hadrosaurio Kritosaurus.

¿Qué más?

Sabemos que los dinosaurios se originaron en el periodo Triásico, el primero de la era Mesozoica. Aunque la presencia innegable de fósiles corporales de dinosaurios se conoce de alrededor de 228 millones de años, en la etapa Superior del Triásico, es posible que su origen se diera mucho antes.

El Jurásico inicio hace unos 201 millones de años, el periodo intermedio de la era Mesozoica, cuando los dinosaurios fueron “los reyes” y alcanzaron una gran diversidad.

El Cretácico, último periodo del Mesozoico, comenzó hace unos 145 millones de años. Los dinosaurios desaparecieron hace 66 millones de años, al final del periodo. Una hipótesis solida atribuye su extinción al impacto de un gran meteorito en la Tierra, en lo que hoy es Chicxulub, Yucatán.

Animales vertebrados, gigantes y pequeños, hace 150 millones de años un grupo de ellos dio origen a la tata-tata… tatarabuela de las aves.

Todos los reptiles marinos y voladores, como los pterosaurios, no son dinosaurios, sino parientes “pero muy lejanos”. Y solo algunos de los últimos dinosaurios, los más cercanos al origen a las aves, volaban.

Tenían una dieta diversa. Eran carnívoros, fitófagos (comedores de plantas), omnívoros, piscívoros, insectívoros, “de todo hubo”.

Cazador de dinos

Todo eso lo sabemos por cazadores de dinosaurios como René Hernández Rivera, Ángel Ramírez Velasco, Ricardo Servín Pichardo y otros paleontólogos de México y el mundo.

RHR ha descubierto y rescatado fósiles de la era Mesozoica en varios estados de la República Mexicana y en China ha participado en la búsqueda de dinosaurios relacionados con el origen de las aves

Además de paleontólogo especializado en dinosaurios, es investigador del Instituto de Geología, divulgador de las ciencias de la tierra, armador de esqueletos y montajes de dinosaurios en salas de paleontología, asesor y colaborador de Discovery y National Geographic, así como filántropo y músico.

El acetábulo

Sabemos también que los dinosaurios son diferentes de otros vertebrados por partes de su esqueleto, como las vértebras del cuello y las cervicales, la elongación del húmero, los huesos de las patas, la forma de la cabeza… en fin.

Sin embargo, dice el paleontólogo de la UNAM, lo más distintivo es el acetábulo, situado entre el espacio de los huesos que conforman la cadera. Por la derecha, si pudieras meter un brazo por en ese agujero de la cintura pélvica, saldría por la izquierda.

Otra característica es que son digitígrados. En posición erecta, con las patas traseras abajo del cuerpo, “caminaban en puntillas”.

Además de patas acolchonadas, para soportar un peso tan grande, en las extremidades la naturaleza los dotó de huesos torcidos, con forma de tornillo y no lisos como clavo, por lo que tenían más superficie para inserción muscular.

Los dinos no son dragones

—Pero, ¿cómo sabemos que los dinosaurios no son un invento de la imaginación, como los dragones?

Por los fósiles que la paleontología rescata, data, analiza y a partir de los cuales genera conocimiento que nos muestra cómo eran los dinosaurios.

De los dinos se han encontrado restos esqueléticos (aislados, juntos, articulados), pisadas, coprolitos, nidos, huevos, piel, plumas y últimamente, vísceras y hasta vasos sanguíneos.

Las evidencias osteológicas, como la cola de dinosaurio que se descubrió en Coahuila en 2013, son una de las pruebas contundentes de la existencia de los dinosaurios. Sin embargo, las piezas fósiles más frecuentes y conservadas son los dientes, por ser el materia más duro.

Los huesos indican a qué tipo de dinosaurio pertenecían, pero las icnitas o sus pisadas (mediante su tamaño, zancada o disposición), como las encontradas en Sabinas, Coahuila, nos dan información sobre cómo y a qué velocidad se desplazaban y sobre su comportamiento social. Migraban, por ejemplo, en manada. Caminaban mucho. Por eso, en todo el mundo hay más lugares con pisadas que con huesos de dinosaurios. En Sucre, Bolivia, es donde las dinosauroicnitas son más abundantes. “Si a Texas, EU, se le quitará todo de encima y se rascará hasta el Cretácico, se encontraría lleno de esas pisadas”.

Tanto huesos fósiles como icnitas se encuentran en rocas de tipo sedimentario, que se acumulan en estratos horizontales. Cada una de esas capas conservan restos de dinosaurios de tiempos distintos (Triásico, Jurásico y Cretácico continental).

También, por sus nidos y huevos, de muchas formas y tamaños, sabemos que existieron los dinosaurios. En China se ha encontrado una gran diversidad. El huevo más pequeño, del tamaño de una pelota de pimpón, y los más grandes, como del tamaño de un balón de fut bol americano. Se encontraron algunos que al parecer los estaban empollando, así como un embrión. En México, Coahuila y Baja California son también lugares de huevos de dinosaurios.

Otra prueba de su existencia son las impresiones de piel. Se han encontrado de hadrosaurios en Baja California Coahuila, así como de un carnívoro Gorgosaurus, en Montana, EU.

Últimamente, se han descubierto melanosomas (organelos que contiene melanina), los cuales nos permite inferir cómo era el color de cada tipo de dinosaurio. Unos tenían un plumaje color “no negro, sino cuervo, iridiscente”, como el dinosaurio arcoíris. Hace algunos años, en el norte de China se descubrió uno llamado Caihong juji (arcoiris con gran cresta, en mandarín), con pluma coloridas en el cuello y la cola

Asimismo se han encontrado vísceras. En Italia, hallaron un dinosaurio llamado Scipionyx con sus órganos preservados. “Tiene todo, hasta lo que comió”. Luego aparecieron otros con vísceras en China. Más reciente, en marzo de 2011, se halló un acorazado herbívoro de la familia de los nodosaurios, en Alberta, Canadá. Es mejor reservado hasta ahora.

Lo más sorprendente

Se han descubierto también vasos sanguíneos de dinosaurio. En 2003, Mary Schweitzer, de la Universidad de Carolina del Norte, EU, los encontró primero en un fémur de Tiranosaurio Rex y luego en un ceratópsido y en un pico de pato.

En el Instituto de Química de la UNAM, el doctor Abel Moreno, por métodos de cristalogafía y análisis químico, descubrió proteínas en cascaritas de huevo de dinosaurio hallado en Baja California.

Otras evidencias de los dinosaurios en la Tierra son los bromalitos, gastrolitos y coprolitos.

Los bromalitos “es todo lo que el animal no quiere y avienta”. Incluyen los ‘regurgititos’. Como los búhos, que regurgitan y sacan el ‘esqueletito’ de lo que se comieron.

Los gastrolitos se han encontrando dentro de los esqueletos. Son como el equivalente a la arena que hay en el buche de los pájaros. Ayuda a las aves a macerar semillas duras para que ya no cueste tanto trabajo su digestión en el estómago.

Los coprolitos son el excremento fosilizado. Son importantes, ya que al hacerles cortes en forma de lámina y analizarlas, permiten saber la dieta del dinosaurio. En un saurópodo (cuello largo) encontraron fitolitos de angiospermas y gimnospermas, esporas de hongos, diatomeas y fragmentos de insectos..

¿Algo más?

Otra evidencia son los urolitos, que son “como la pipí de los dinosaurios”. Estudios comparativos entre unas formas raras en fósiles y rastros que deja el avestruz, indicaron que podrían ser las marcas dejadas por la orina.

“Unos creen, otros no”, pero bienvenidos los estudios basados en diversas ciencias para saber más como eran los dinosaurios, concluye el maestro René Hernández Rivera.

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