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Dime cuánto mides y te diré en qué entorno creciste

Redacción

El proceso de crecimiento y maduración de las personas está relacionado con los genes heredados de la madre, padre y de nuestros abuelos, y se manifiesta de la mejor forma si la alimentación y condiciones sanitarias, entre otras variables, son adecuadas, afirmó María Elena Sáenz Faulhaber, del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM.

En ese sentido explicó: “Sólo en la medida en que el país pueda tener un mejor desarrollo económico y el entorno de niños y jóvenes sea el correcto, tendremos una población más sana”.

Sabemos que en las poblaciones rurales en donde los sistemas de salud son deficientes, encontramos estaturas y maduración biológica menores en ambos sexos.

“Si se alcanza una estatura mayor que la de los padres, quiere decir que el entorno donde ese niño creció fue el apropiado”, aunque aclaró que esa regla no es infalible porque las edades cronológica y ósea no siempre coinciden; de ese modo, sobre todo en la adolescencia, es común que un niño o niña de 12 o 13 años todavía tenga cuerpo y comportamiento infantil y su estatura sea más baja; en otros, si hay coincidencia, y en algunos más se ve mayor madurez.

Las tres variables son normales dado que dentro del crecimiento hay que considerar las medidas físicas o antropométricas y la maduración biológica, la cual se determina mediante la edad ósea, que se establece con base en una radiografía de muñeca y huesos de la mano izquierda (carpo) para comparar los puntajes de conformidad a las normas internacionales, abundó la antropóloga Sáenz Faulhaber.

Además, hay diferencia sexual entre varones y mujeres; ellos tienen dimensiones más altas y grandes. Empero, ellas llegan a la adolescencia dos años antes que los hombres y también terminan su etapa de crecimiento antes. Ellos, en cambio, siguen creciendo y las rebasan en dimensiones corporales, acotó.

Otro parámetro de maduración es la menarquia o el momento de la primera menstruación, precisó la especialista universitaria. Se considera además que si un individuo crece menos de un centímetro anual, ya llegó al estado adulto.

Mexicanas maduran antes

Con base en una trilogía de estudios a cargo de Sáenz Faulhaber -y antes de Johanna Faulhaber Kammann, quien también fue investigadora del IIA y doctora honoris causa por la UNAM (1996)–, realizados a niños y adolescentes de clase media de la Ciudad de México, se determinó que ellas comienzan su preadolescencia a los 10 años, en promedio.

Los datos de la menarquia muestran, además, que maduran antes que otras poblaciones, como la europea o la estadounidense, ya que la primera menstruación se presenta, en promedio, a los 12.5 años. “Al madurar antes, también dejan de crecer antes”.

Al presentarse de manera temprana, las jóvenes tienen una maduración ósea también adelantada respecto a otras poblaciones; los dos eventos van ligados y la diferencia de crecimiento entre los 15 y 16 años es menor de un centímetro.

“Con esos indicadores podemos afirmar, con bastante certeza, que entre esas edades las jóvenes mexicanas ya están en un estado adulto o muy cercano a serlo”, señaló María Elena Sáenz.

En tanto, al inicio de la adolescencia los varones tienen dimensiones corporales y estatura más baja que las niñas, también son menos maduros biológicamente; su edad ósea es menor. Pero siguen creciendo durante más tiempo y algunos lo hacen más de dos centímetros anuales después de los 18 años.

Así, se puede registrar una diferencia de hasta siete centímetros entre los 15 y 18 años. Al entrar a la edad adulta, su estatura promedio es de 1.71 metros, y “seguramente la mayoría ya llegó a su estatura final”. En cambio, en las chicas la estatura promedio es de 1.67 metros y no varía entre la adolescencia y la mayoría de edad.

Detalló que la maduración prematura de las mexicanas podría deberse a una cuestión genética. Esto resulta concordante con un estudio hecho en población venezolana, donde se encontró exactamente lo mismo. “Puede ser que sea una cuestión de los países latinos, porque la menarquia en poblaciones como la argentina, también está adelantada en relación con las anglosajonas”.

La experta consideró esencial “preocuparse mucho por los hijos, por su alimentación, salud física y bienestar emocional –porque se ha visto que cuando hay problemas psicológicos, como depresión, el crecimiento se detiene–, y motivarlos a que realicen actividad física, porque todo ello contribuirá a formar adultos sanos”.

Urge más investigación

Sáenz Faulhaber recalcó la importancia de que las nuevas generaciones de antropólogos, médicos y pediatras se interesen en realizar estudios del crecimiento, los cuales requieren de recursos, además de décadas de seguimiento y aplicación de las mismas técnicas y metodologías a cargo de personal capacitado para que los datos sean confiables y comparables con otras poblaciones.

Hacen falta porque más allá de la estatura que alcancen niñas, niños y adolescentes, lo importante es que sean adultos sanos, aspecto básico para nuestro desarrollo como población, afirmó.

A diferencia de otras naciones y regiones como Estados Unidos y Europa, en nuestro país no hay ningún estudio nacional en torno al crecimiento y maduración física de la población. Los que se han hecho, aclaró la experta, han sido sólo locales.

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