Academia

Descubrimientos que se hacen al escuchar el universo

Diana Saavedra

¿Recuerda el sonido de una gota de agua al caer? Así suena, en ondas gravitacionales, la fusión de dos agujeros negros que se produjo a mil 300 millones de años luz de distancia de nosotros, y con este tipo de sonidos, los expertos de los equipos LIGO y Virgo amplían las estimaciones que se tenían de fusiones de agujeros negros en el cosmos.

Eso lo explicó la investigadora Sheila Rowan, Universidad de Glasgow, colaboradora del proyecto LIGO, quien invitada por Fundación UNAM ofreció la charla Ondas Gravitacionales: Escuchando el Universo.

Esta firma de sonido, precisó, es única y les indica, como ningún otro parámetro, que se produjo la fusión de dos agujeros negros en el cosmos en una forma que, hasta ahora, no se habría logrado.

Rowan comentó: “Las estrellas (de neutrones) han comenzado a aparecer, los agujeros negros lo hacen eventualmente y empiezan a darnos pistas acerca de si se formaron antes y podemos iniciar la construcción de una historia de la evolución de las estrellas y los sistemas de agujeros negros. Cuanto más sensibles sean los instrumentos más capaces seremos de regresar en el tiempo”.

La consejera científica del gobierno de Escocia puntualizó que este tipo de ondas son invisibles, aunque increíblemente rápidas, pues viajan a la velocidad de la luz en el espacio, es decir, unos 300 mil kilómetros por segundo. Hace más de un siglo Albert Einstein predijo que cuando dos planetas o estrellas orbitan entre sí podían causar ondulaciones en el espacio, las cuales se extenderían como una gota de agua en un estanque al lanzar una piedra, pero que contraerían y estirarían cualquier cuerpo que se encontraran en su camino.

Afortunadamente, los eventos que causan este tipo de movimiento están demasiado lejos de nosotros, es decir, la explosión de una estrella como supernova, dos estrellas de neutrones que orbitan entre sí o la fusión de dos agujeros negros, lo malo es que cuando llegan a nosotros, las ondas son tan pequeñas y débiles que ha sido muy difícil detectarlas, dijo.

Hacia 2015 el proyecto LIGO logró la hazaña de localizar estas ondas utilizando un sistema que tiene un haz de luz láser dispuesto en forma perpendicular; la luz rebota en unos espejos situados en los extremos de los gigantescos tubos, refirió la también directora del Instituto de Investigación sobre Gravitación desde 2009.

En la actualidad, detalló Rowan, se realiza una nueva actualización del equipo LIGO, el cuál recibirá el nombre de “A+” que contará con sensores de última generación con los que se espera detectar con mayor exactitud las deformaciones en el espacio causadas, principalmente, por la fusión de agujeros negros.

“Actualmente, hemos avanzado mucho en planear y crear detectores más sensibles de lo que hemos visto hasta ahora, se están haciendo las actualizaciones y en el próximo par de años tendremos instrumentos más sensibles”, recalcó.

Otras industrias

Pero el proyecto LIGO no únicamente se encuentra centrado en la búsqueda de las ondas gravitacionales, pues instrumentos y sistemas desarrollados para este observatorio ya se encuentran siendo aprovechados en otras industrias, como el desarrollo de sistemas de medición de alta precisión y de cristales de alta seguridad, sensores que permiten la diferenciación de células para la salud, escaneos de retina, medidores de gravedad ambiental en sistemas de gas y petróleo y otros.

Rowan agregó: “Estos son únicamente algunos de los desarrollos en mi universidad, que es Glasgow, que tienen aplicaciones mucho más cerca de casa, para ayudar en la vida de la gente aquí y ahora”.

Como ejemplo puso el sistema que permite detectar con gran precisión pequeños enrojecimientos en la retina del ojo para buscar enfermedades, algo que se trabaja con una empresa del Reino Unido.

Además, se ha revisado que los sensores ambientales MEMS Gravity pueden ser usados en el monitoreo de sistemas de seguridad para la industria de gas y petróleo.

La experta estuvo acompañada por Jaime Urrutia Fucugauchi, investigador emérito de la UNAM; Dionisio Meade y García de León, presidente de Fundación UNAM, y Ana Elena González, directora de la Sede UNAM-Reino Unido (Centro de Estudios Mexicanos).

El sonido de la colisión de dos hoyos negros. Imagen: LIGO

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