Humanidades

Campamento de Zacahuitzco, ejemplo de lucha y esperanza

Erick Hubbard

Ciudad de México, 150 días después del 19 de septiembre, unidas al gris pavimento, con tiendas de campañas, lonas y una cocina improvisada, 21 familias padecen el desplazamiento de su antigua forma de vida. Con muchas dificultades  se adaptan a la cotidianidad de esta metrópolis, en la calle Independencia de la colonia Zacahuitzco en Iztapalapa, un inmueble con el número 18 espera el dictamen oficial después de los efectos devastadores del sismo.

Luz María Álvarez López, representante del multifamiliar, señaló que en el edificio vivían 37 familias, algunas de ellas tuvieron la posibilidad de rentar habitaciones, pero las que no tuvieron suerte duermen sobre la estrecha  avenida. “¡Somos muchos!, añadió.

En total, 25 niños, tres adultos mayores y tres mujeres embarazadas. Álvarez López mencionó que tienen pocos recursos, “hace quince días nos prestaron nuevas casas para acampar, antes  teníamos casas pequeñas de esas de dos personas y allí dormían seis o siete amontonados, en estas nuevas cabemos mejor pero debemos cuidarlas porque no son nuestras”.

Relató que improvisaron una covacha para guardar la ropa y las cobijas, pero las ratas y la lluvia les cobraron factura. Pidieron unos baños de esos que se utilizan en los conciertos pero nunca llegaron. “Aún usamos los de los departamentos, bueno sólo hay tres que podemos usar, son los únicos que les llega agua, ya ven que acá nunca hay agua”.

La protesta es contundente: ¡Ya nos cansamos de vivir así! Álvarez López señaló que el edificio ya no es funcional y pidió ayuda “no queremos nada regalado, sólo pedimos solución a esta situación y el dictamen para saber qué pasará con nuestra casa”.

El paso de los días instala la incertidumbre, pues temen otro sismo que les haga perder lo poco que tienen dentro de sus departamentos. Se han adaptado a la situación para sobrellevar las jornadas de escuela, trabajo y labores del hogar. Ejemplo de ello es Karla, embarazada de ocho meses, quien lava sobre la banqueta y tiende la ropa de su esposo y primogénito.

También Guillermo, quien al regresar de la secundaria cuida a su hermano de nueve meses mientras su madre hace algo de comer. Todos ponen su granito de ayuda en el campamento y contribuyen a mantener la armonía comunal.

Iztapalapa es una de las delegaciones más grandes, pobladas y violentas de la Ciudad de México, con problemas significativos como la escasez de agua, movilidad, entre otros. Sin embargo, a pesar del panorama sombrío, esta pequeña comunidad sigue adelante, sigue sonriendo pero, sobre todo, está convencida de luchar por su patrimonio y por una vida digna.

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