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Buque Justo Sierra; una aventura científica en cada viaje

Michel Olguín Lacunza

La primera vez que Luz Adriana navegó en el buque oceanográfico de la UNAM Justo Sierra fue durante su servicio social, en el 2015. Los datos que obtuvieron del escarpe de Campeche la impresionaron tanto que desde entonces se enamoró del levantamiento batimétrico y decidió dedicarse a esa área de investigación. 

Sin embargo, ese viaje no empezó bien pues desde el primer día estaba muy mareada, no podía comer ni tomar agua, además, había que realizar guardias. En algún momento pensó ¿qué hago aquí? Pero al ver los resultados de la investigación, estaba tan emocionada que todo cambió.

De esta primera experiencia en el Justo Sierra salió su tesis para obtener el título de ingeniera geofísica. Hoy, Luz Adriana Arredondo Godínez es colaboradora de Ligia Pérez Cruz, investigadora del Instituto de Geofísica y Coordinadora de Plataformas Oceanográficas de la Coordinación de la Investigación Científica de la UNAM

La joven ha regresado al buque cuatro veces más, y en su misión más reciente tomó un curso sobre la operación de Sistemas Hidroacústicos, impartido por la empresa Kongsberg Maritime de México del 7 al 20 de junio de 2021. El objetivo del curso fue que los investigadores aprendieran a realizar levantamientos batimétricos de alta resolución con el fin de crear mapas a detalle del piso marino.

Este tipo de investigación se lleva a cabo con equipos hidroacústicos, los cuales generan un pulso de sonido para determinar la distancia que hay desde donde se emite el sonido hasta el fondo, y así determinar las profundidades y el relieve en la zona.

La vida del Justo Sierra

En el fondo del mar existe un mundo en el que habitan desde organismos microscópicos, capaces de sobrevivir en ambientes extremos, hasta calamares gigantes, cordilleras, cenotes, ventilas hidrotermales y barcos hundidos que han permanecido ahí por años, un área que la UNAM puede estudiar con sus dos buques.

El Puma, el otro buque oceanográfico de la UNAM, hace investigación en las costas mexicanas del Pacífico y del Golfo de California.

De hecho, México tiene un área marítima muy extensa, pero hay muy poca información clasificada, dijo Miguel Ángel Díaz Flores, técnico académico del Instituto de Geofísica.

Los buques de la UNAM pueden estudiar este mundo submarino desde el punto de vista de varias disciplinas científicas: biología, física, geología, geofísica, entre otras, agregó.

Miguel Ángel ha tenido la suerte de viajar más de cuarenta veces en los buques de la UNAM y en cada misión no se cansa de contemplar el océano. “Desde el momento en que te alejas de la orilla observas cómo cambia la tonalidad del mar. Cerca de la costa es color marrón, por los sedimentos, pero si hay muchos organismos su tono es verde; si el fondo es muy blanco, como en el Caribe, se torna turquesa. En lo profundo es más oscuro y en los atardeceres surgen colores violetas, rosados, azules o morados, y en el cielo se refleja el mar. Es impresionante”.

Díaz Flores, quien participó en esta campaña como jefe del grupo de investigadores, y también tomó el curso de sistemas hidroacústicos, explicó a UNAM Global que este nuevo equipo funciona como un scanner. “Con el equipo anterior sólo podíamos obtener los parámetros X, Y y Z, ahora podremos conseguir la información de cada curva y su altura”.

En sus viajes anteriores, Miguel Ángel ha tenido algunas experiencias agradables y otras impactantes. Recuerda que una ocasión en la que un investigador estudiaba calamares encontraron un espécimen de un metro.

“Al arrojar la potera (anzuelo para calamares), inmediatamente pescó algo; yo la saqué con mucho esfuerzo y me llevé una gran sorpresa cuando vi un calamar de aproximadamente un metro de longitud y treinta kilos de peso. No podía creerlo”. 

Un sueño de juventud

David Calles Castillo creció en Veracruz, viviendo justo en el puerto base del Justo Sierra. Recuerda que toda la gente del pueblo conocía la embarcación y sabía que formaba parte de la UNAM. 

Desde entonces se interesó por realizar una carrera para laborar en el mar, y aunque trabajó en buques mercantes, petroleros y de carga, esperaba algún día llegar al Justo Sierra. Hoy, después de 27 años de laborar en este buque de la Universidad, es el primer oficial de cubierta. 

“Me siento muy orgulloso de pertenecer a uno de los buques de la UNAM, la principal institución educativa y de formación científica de México y Latinoamérica. A través de sus investigadores ha aportado datos importantes sobre el mar, y el buque ha realizado un trabajo estupendo”.

El Justo Sierra realiza entre doce y catorce campañas al año. Para David siempre es muy agradable volver al mar y disfrutar los amaneceres y atardeceres. “Siempre es la mejor parte del día; me toca verlos durante mis guardias y acompaño las vistas con una tasa de café”.

Durante sus años a bordo del Justo Sierra, David ha vivido una infinidad de eventos meteorológicos, como climas muy malos, pero cuenta que el buque se ha defendido muy bien de los temporales.

“Ha sido impresionante enfrentar olas de hasta diez o doce metros de altura, pero el Justo Sierra capotea muy bien el mal clima, y siempre ha salido airoso”, recuerda.  

Además, ha tenido experiencias muy interesantes al acompañar a los investigadores. “Todo es relevante y atractivo, te sorprendes de las cordilleras marinas, las rupturas que hay, los grandes montes, los profundos valles, e incluso saber que existen especímenes que viven a 700 u 800 metros de profundidad”. 

Él también participó en el curso sobre la operación de Sistemas Hidroacústicos, junto con investigadores y demás personal del buque.  “Siempre que viene un investigador lo apoyamos para encontrar lo que busca, en qué zona necesita trabajar, y también nos adentramos en su proyecto para que alcance al cien por ciento sus metas”, concluyó el primer oficial de cubierta Calles Castillo.

 

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