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Baños mixtos también en FES Aragón

Gaceta FES Aragón
Si los baños públicos son públicos, ¿por qué no compartirlos con alguien del sexo opuesto?

Dejar de catalogar los espacios facilitaría el acceso de acompañantes para personas con discapacidad, trans o aquellos que tienen hijos, pues cuando se ven en la necesidad de utilizar un sanitario surge el conflicto: “¿A cuál entro?”.

Así inició todo este asunto

La clasificación de los espacios con relación al género –tal es el caso de los baños– no se debe al reconocimiento de las diferencias biológicas ni anatómicas entre hombres y mujeres. En realidad, su comienzo se dio por cuestiones socioculturales, con las “esferas separadas”.

Este concepto tiene como base organizar el espacio social según la distinción entre lo masculino y lo femenino, correspondientes a dos ámbitos, el público y privado. A la mujer se le colocó en este último, por eso debía quedarse en casa atendiendo las tareas domésticas, buscando proteger sus virtudes, lo que llevó al dominio por parte de los hombres. Con el paso del tiempo, las mujeres han logrado conquistar algunos derechos y la brecha de desigualdad de género ha ido disminuyendo. Sin embargo, aunque parezca absurdo seguir con dicha filosofía sexista, hoy continúa vigente.

El origen de los espacios divididos surge con la Revolución Industrial; las fábricas se llenaron de hombres que se encargaban del trabajo duro, mientras que las mujeres permanecían en sus hogares. Más tarde, con la producción textil, ellas empezaron a introducirse en la actividad económica, pero con todo y esto, la sociedad seguía con la vieja filosofía y el hecho de que ellas trabajaran al lado de ellos era visto con desconfianza. De esta manera, con el temor de compartir espacios de uso personal, se establecieron soluciones de protección en el ámbito laboral mediante la creación de baños exclusivos para mujeres.

 

Espacio compartido, ¿un peligro?

Algunas personas alegan que un baño unisex sería causante de perversiones. El debate se debe a quienes aseguran que estos no deberían existir, ya que las mujeres serían más vulnerables a ataques de hombres con malas intenciones.

 

Sin embargo, quienes en realidad padecen las consecuencias de esta segmentación son las personas trans, pues tiene que lidiar con constantes agresiones físicas y psicológicas. Un estudio de la Universidad de California indicó que cerca del 70% de personas transgénero aseguró haber sido víctima de acoso en baños públicos y el 54% dijo que sufrió algún problema de salud al verse obligado a evitar el uso de estos espacios.

Por otra parte, como cada vez hay más identidades de género, sería absurdo continuar con la distinción y más bien resulta necesario crear suficientes espacios para satisfacer las necesidades fisiológicas de todos sus usuarios.

A todo esto no faltará quien comente: “Pues que utilicen el que consideren más adecuado”, pero no es así de fácil. En los hechos, aunque no hay ninguna ley que mande utilizar algún baño en particular, esto es mal visto a causa de una construcción social.

“Y, ¿qué hay de evitar ciertas conductas sexuales inapropiadas para un lugar público entre hombres y mujeres?”, quizá piense alguien más. Si esta ideología estuviera presente, también deberían existir los espacios divididos en los cines, los espacios laborales y las escuelas, o cualquier otro lugar donde convivan hombres y mujeres. Y así en todos los lugares hasta regresar a la época en que la mujer se quedaba en casa para resguardarse.

Entonces…

Si en casa los baños se comparten sin importar el género, ¿por qué no hacerlo también en el exterior? La convivencia conlleva a la verdadera igualdad.

Los baños mixtos tienen que ser promovidos ante el convencimiento de que las categorías hombre/mujer ya no alcanzan para dar cuenta de todas las identidades y orientaciones sexuales disponibles en el entramado social, de acuerdo con información de un comunicado del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo de Argentina.

El que todas las personas utilicen un espacio de común acceso, creará sociedades más equitativas y hará que las barreras hacia otras identidades de género se normalicen. Además, esto podría significar un paso hacia algo que hasta este momento parece ilusorio: romper paradigmas con la finalidad de lograr los mismos derechos para todas las personas.

 

Consulta el texto completo en la Gaceta de FES Aragón: http://publicaciones-aragon.unam.mx/repositorio/gaceta/381/381.pdf

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