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Bacterias, clave de biofertilizante que incrementa el rendimiento del cultivo de frijol

Omar Páramo/edición: Francisco Medina
Saber que estos microorganismos aportan tales beneficios no se trata de un hallazgo nuevo, pues éste se remonta a 1880

El Rhizobium etli y el Rhizobium phaseoli son bacterias que viven en estrecha colaboración con el frijol, al grado de ayudar a fijar el nitrógeno en la planta, propiedad que le ha permitido al Centro de Ciencias Genómicas (CCG) de la UNAM crear un biofertilizante que, en comparación con las alternativas químicas, incrementa el rendimiento de los cultivos hasta en dos quintas partes y hace que el grano tenga hasta un 50 por ciento más de nutrientes, señaló Humberto Peralta Díaz, integrante de esta entidad universitaria ubicada en Cuernavaca, Morelos.

Sin embargo, saber que estos microorganismos aportan tales beneficios no se trata de un hallazgo nuevo, pues éste se remonta a 1880, cuando los científicos de la época observaron que en las raíces de las leguminosas había nódulos donde habitaban estas bacterias. “Desde entonces hemos aislado esta rhizobia y trabajado con ella”, agregó el universitario.

“Lo interesante de estas bacterias es que son capaces de tomar el nitrógeno, abundante en el aire y muy escaso en el suelo, y pasarlo a la planta, contribuyendo así a su nutrición. Sin embargo, el avance no ha sido rápido y al tiempo que se dan éxitos se suman los fracasos, porque al ser un organismo tan sencillo, es difícil de manipular. Por ello sólo se han logrado avances a través de un estudio riguroso y metodológico de años y años”.

Para dar un ejemplo de la paciencia requerida para obtener algún resultado, Peralta Díaz detalló que en el laboratorio él y su equipo trabajan con diversas líneas celulares de la rhizobia para luego experimentar con ellas en el invernadero.

“Probamos su eficiencia y cómo promueven el crecimiento del frijol. Cada experiencia nos lleva de tres cuatro meses desde que la inoculamos la semilla hasta que la planta da su rendimiento”.

Los esfuerzos en este renglón son tan importantes que el CGG nació hace 35 años, bajo el nombre de Centro de Investigación sobre Fijación de Nitrógeno, con el interés de avanzar en este tipo de indagatorias y aportar soluciones para el campo.

“De hecho, yo retomé parte de los trabajos desarrollados por el doctor Jaime Mora hace ya tiempo y, a partir de la modificación genética, logramos producir variantes o cepas de estas bacterias, pero con una capacidad mejorada para realizar su función biológica”.

Estos hallazgos le permitieron a Peralta crear un fertilizante que ya se ha probado en el campo mexicano con buenos resultados en casi todos los aspectos, excepto en las ventas.

“A lo largo de una década, lo que duró nuestro convenio con la compañía BioFábrica Siglo XXI, nuestro producto se aplicó en 50 mil hectáreas, cantidad que puede sonar abultada, pero si consideramos que el mercado es de dos millones de hectáreas al año fue una parte mínima lo que abarcamos. No obstante, estamos abiertos a continuar y a volver a poner esta opción a disposición de los agricultores, sólo necesitamos una empresa con mayor promoción”.

Más allá del biofertilizante

Para Humberto Peralta está claro que su trabajo no concluye con la creación del biofertilizante; por ello, después del éxito inicial continuó con sus indagatorias ya no para mejorar variantes, sino para entender cómo funcionan estos microorganismos, aunque un descubrimiento reciente replanteó el escenario: se descubrió que dentro de la semilla de frijol hay una mezcla de rhizobia; aún falta determinar el papel de estas bacterias o si benefician a los cultivos.

“Hoy estamos en proyecto de aislamiento de cepas del interior de la semilla de frijol y recientemente logramos purificar, aislar, identificar y caracterizar unas 10. Ahora estamos viendo si éstas son capaces de hacer que la semilla lleve su inoculante adentro. Suena ambicioso, pero queremos generar una semilla autoinoculada, eso sería un gran avance”.

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