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El patriarcado fomenta la desigualdad de género en nuestra sociedad

Daniela Chirino/ Damián Mendoza

“Las mujeres son mujeres porque no pueden hacer ni esto ni aquello ni lo demás, y esto, aquello y lo de más allá está envuelto en un término nebuloso y vago”. En los 50, Rosario Castellanos reflexionaba sobre la situación de la mujer en su tesis Sobre cultura femenina.

La mujer ha experimentado y ha cuestionado sobre las desigualdades de género. En ese sentido, Elvira Hernández Carballido, doctora en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, explicó que la década del 70 fue un periodo significativo para las mujeres porque hubo un reconocimiento mundial a su situación, además, buscaron comprender y entender dicho fenómeno.

Uno de los muchos conceptos que surgieron fue el de patriarcado, el responsable de muchas de las desigualdades que vive la mujer en su cotidianeidad, trabajo, casa, transporte público o en la escuela. La especialista lo definió como “un sistema que jerarquiza, que da poder al que está en la parte más alta y que minimiza a quienes no están en ese poder y quien está en esa parte más alta está representado por el cuerpo masculino; el proveedor, el fuerte, el valiente, el inteligente todas estas cuestiones que marcan esas diferencias del sexo fuerte y el sexo débil”.

Hernández Carballido enfatizó que ese desequilibrio está basado en cuestiones naturistas, biologicistas e inclusive divinas, que establecen cómo deben ser y comportarse las mujeres y los hombres. Una de las maneras más comunes es señalizar a la mujer por cómo se viste o el número de parejas sexuales, lo cual aún se mira como un mérito para los hombres y un defecto para las mujeres.

“El patriarcado marca estas diferencias que opone a los hombres y a las mujeres. Desprecia, denigra y minimiza lo que pueden representar cada uno y eso es lo terrible porque sigue marcando una gran desigualdad que causa cuestiones de violencia, e inclusive, de matar a la otra porque no está representando lo que me han enseñado”.

La especialista explicó que existen diversos elementos que mantienen al patriarcado como los mitos, los símbolos, las instituciones y la identidad subjetiva. Los mitos y símbolos se van aprendiendo a lo largo de la vida, por ejemplo, cuando todavía no nace el bebé pero si es niño o niña se le compra ropa azul o rosa. “Esos mitos y símbolos que vamos heredando como pacto que no firmamos pero que aceptamos”.

Asimismo, las instituciones difunden los mitos y símbolos como las telenovelas, canciones y el sistema educativo. Esto último se ve reflejado en los talleres o carreras que son consideradas para hombres y para mujeres.

De acuerdo con el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), las licenciaturas con el índice de feminidad (IF) más bajo en la UNAM son Ingeniería Mecánica Eléctrica y Composición, con menos de 15 mujeres por cada 100 hombres; en cambio, las carreras con más mujeres son Trabajo Social, Enfermería y Pedagogía, con más de 300 mujeres por cada 100 hombres, tendencia que ha permanecido desde 2005 hasta 2015.

¿Qué hacer?

“Siempre le apuesto a la educación, estoy segura que esa es nuestra mejor herramienta y creo en ella, porque es difícil meterse a la familia y quererla transformar. A través de la educación sí podrías mover algunas cosas. La educación  abre espacios e involucra a la gente, siempre habrá resistencias pero cuando empiezas a sensibilizar, empiezas a transformar”, resaltó Hernández Carballido.

Finalmente la también investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), acotó que el patriarcado afecta de manera distinta a grupos vulnerables como mujeres en situación de pobreza o mujeres indígenas, y así como el patriarcado es un sistema, existen otros como el racismo que hace alianza entre sistemas que repiten las formas de minimizar.

 

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